domingo, outubro 01, 2006

COMENTARIO AL ANGELUS DEL 22 DE OCTUBRE

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Benedicto XVI explica el secreto del misionero: «Dios es amor»Ángelus en el octogésimo Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND) CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 22 octubre 2006 (ZENIT.org).- P

Benedicto XVI en la plaza de San Pedro del Vaticano con motivo de la oración mariana del Ángelus.

* * *Queridos hermanos y hermanas:Celebramos hoy el octogésimo Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND). Fue instituido por el Papa Pío XI, quien dio un fuerte impulso a las misiones «ad gentes», y en el Jubileo de 1925 promovió una grandiosa exposición convertida después en la actual Colección Etnológico-Misionera e los Museos Vaticanos. Este año, en el acostumbrado mensaje con motivo de esta jornada, he propuesto como tema «La caridad, alma de la misión». De hecho, la misión, si no es alentada por el amor, queda reducida a actividad filantrópica y social. Para los cristianos, sin embargo, tienen vigor las palabras del apóstol Pablo: «el amor de Cristo nos apremia» (2 Corintios 5, 14). La caridad que movió al Padre a enviar a su Hijo al mundo, y al Hijo a entregarse por nosotros hasta la muerte de cruz, esa misma caridad ha sido derramada por el Espíritu Santo en el corazón de los creyentes. Cada bautizado, como sarmiento unido a la vida, puede cooperar en la misión de Jesús, que se resume así: llevar a toda persona la buena noticia: «Dios es amor» y, precisamente por este motivo, quiere salvar al mundo.La misión surge del corazón: cuando uno se detiene a rezar ante el Crucifijo, con la mirada puesta en ese costado traspasado, no se puede dejar de experimentar dentro de uno mismo la alegría de experimentar que se es amado y el deseo de amar y de hacerse instrumento de la misericordia y la reconciliación. Es lo que le sucedió, hace precisamente ochocientos años, al joven Francisco de Asís, en la pequeña iglesia de San Damián, que entonces estaba derruida. Desde lo alto del Crucifijo, custodiado ahora en la Basílica de Santa Clara, Francisco escuchó a Jesús que le decía: «Vete, repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas». Aquella «casa» era ante todo su misma vida, que había que «reparar» mediante una auténtica conversión; era la Iglesia, no la que está hecha de ladrillos, sino de personas vivas, que siempre necesita purificación; era también toda la humanidad, en la que Dios quiere hacer su morada. La misión siempre nace del corazón transformado por el amor de Dios, como lo testimonian innumerables historias de santos y de mártires, que de diferentes maneras han gastado la vida al servicio del Evangelio.La misión es, por tanto, una cantera en la que hay lugar para todos: para quien se compromete a realizar en su propia familia el Reino de Dios; para quien vive con espíritu cristiano el trabajo profesional; para quien se consagra totalmente al Señor; para quien sigue a Jesús Buen Pastor en el ministerio ordenado al Pueblo de Dios; para quien se va específicamente a anunciar a Cristo a quienes todavía no le conocen. Que María Santísima nos ayude a vivir con un nuevo empuje, cada quien en la situación en que le ha puesto la Providencia, la alegría y la valentía de la misión.

[Después del Ángelus, el Papa saludó en siete idiomas a los peregrinos. En italiano dijo:] Con alegría envío un cordial saludo a los musulmanes de todo el mundo, que en estos días celebran el final del mes de ayuno del Ramadán. ¡A todos les deseo serenidad y paz!Contrastan dramáticamente con este clima gozoso las noticias que proceden de Irak sobre la gravísima situación de inseguridad y sobre la cruel violencia a la que están expuestos muchísimos inocentes sólo por ser chiíes, suníes o cristianos.Percibo la profunda preocupación que experimenta la comunidad cristiana y deseo asegurar que estoy cerca de ella, así como de todas las víctimas, y pido para todos fuerza y consuelo. Os invito, además, a uniros a mi súplica al Todopoderoso para que dé la fe y la valentía necesaria a los responsables religiosos y a los líderes políticos, locales y en todo el mundo, para apoyar a ese pueblo por el camino de la reconstrucción de la Patria, en la búsqueda de equilibrios compartidos, en el respeto recíproco, con la conciencia de que la multiplicidad de sus componentes es parte integrante de su riqueza.

[En español, dijo:] Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, de modo especial a los peregrinos de la diócesis de Tegucigalpa, con su Obispo Auxiliar, así como a la Hermandad y fieles devotos del Señor de los Milagros. Que la intercesión de la Virgen María y el ejemplo de los apóstoles Pedro y Pablo os ayude a dejaros conquistar por el amor de Cristo, para vivir, como Él, totalmente entregados al servicio de los demás. ¡Feliz Domingo! ZS06102206