domingo, novembro 05, 2006

Comentario del Angelus del 5 de noviembre de 2006

ANGELUS DOMINGO 5 DE NOVIEMBRE 2006

Benedicto XVI
Queridos hermanos y hermanas,

En estos días que siguen las conmemoraciones litúrgicas de los fieles difuntos. Se celebran en muchas parroquias la octava de los difuntos, una ocasión para recordar en oración a nuestros queridos y meditar sobre la realidad de la muerte, que la conocida civilización del bien estar trata de remover de la conciencia de la gente y que vivimos con prisa y preocupaciones en nuestro vivir cotidiano.

El morir en realidad forma parte del vivir y esto no sólo al final sino algo que ver en todo instante. Cuando perdemos a un ser querido, nos hace descubrir el problema, haciéndonos sentir la muerte como una presencia radicalmente hostil y contrario a nuestra natural vocación a la vida y a la felicidad.

Jesús ha revolucionado el sentido de la muerte, lo ha hecho con su enseñanza, pero sobretodo afrontándolo El mismo la muerte. Muriendo ha destruido la muerte (repite la liturgia del tiempo pascual) “muriendo, con el Espíritu que no podía morir – escribe un padre de la Iglesia – Cristo ha vencido la muerte que vencía al hombre, el Hijo de Dios ha querido de este modo, redimir hasta el fondo nuestra condición humana para abrirla a la esperanza. Un último análisis, “El ha nacido para morir y así librarnos de la esclavitud de la muerte”. Dice la carta a los Hebreos – “El ha probado la muerte delante de todos, desde este momento la muerte no es la misma. El amor de Dios operante en Jesús ha dado un nuevo sentido a la existencia entera de los hombres y así lo ha transformado aunque muera”.

Sin Cristo y la vida humana con un paso de este mundo al Padre, la hora de la muerte es el momento es que esto se actúa de modo concreto y definitiva, quien se empeña a vivir como El viene librado del miedo a la muerte que se nos presenta como un fardo y un enemigo, pero como escribe S. Francisco en el cántico de las criaturas “soy amigo de una hermana, por la cual se puede también encontrar al Señor, alabado sea mi Señor…que pasó por encima de nuestra muerte corporal.. de la muerte del cuerpo.

No puede haber miedo nos recuerda la fe, porque sea que vivamos, sea que muramos seamos del Señor, con San Pablo sabemos que somos elegidos en el cuerpo, somos con Cristo cuyo Cuerpo resucitado lo recibimos en la Eucaristía, es nuestra inhabitación eterna e indestructible.

La verdadera muerte que en cambio debemos temer es aquella del alma, que el Apocalipsis llama “segunda muerte”, de hecho quien muere en pecado mortal sin arrepentimiento, cerrado en el orgulloso rechazo del amor de Dios, se autoexcluye del Reino de la Vida.

Invoquemos a María y a San José, invoquemos del Señor la gracia de prepararnos serenamente a partir de este mundo cuando El nos quiera llamar y con la esperanza de vivir eternamente con El, en compañía de todos los santos y de todos nuestros seres queridos.


Sigo con viva preocupación las noticias del deterioro de la grave situación relativa a la franja de Gaza y envío mi cercanía a la población civil que tanto sufre las consecuencias de la violencia. Os ruego os unais a mi oración, y pido a Dios omnipotente que ilumine a los dirigentes políticos de Israel y Palestina como al resto de las naciones que tienen una particular responsabilidad en la región, de tal modo que finalice el derramamiento de sangre, multipliquen el socorro humanitario y favorezcan la desaparición inmediata del conflicto con una negociación directa, seria y concreta.